sábado, 2 de junio de 2007

Silvio Manuel Rodríguez Carrillo

Es economista paraguayo, con artículos publicados respecto de su carrera. Trabaja en finanzas desde 1986, actividad que le permitió conocer diversos países como Argentina, Bélgica, Bolivia, Brasil, España, Francia, Inglaterra, Italia, Uruguay y Suiza.

Estudioso de las ciencias de Filosofía y Teología, de la disciplina de la Historia, y del arte de la Literatura, no desconoce la Tradición Occidental, y sobre estas bases es que elabora su propio sistema.

En cuanto a su formación musical, estudió piano, violonchelo, guitarra clásica y trompeta, llegando a formar parte de la orquesta de cámara juvenil de la ciudad de Asunción, y de la banda Pa'i Pérez del colegio Sagrado Corazón de Jesús (Salesianito).

Su sello distintivo es involucrar al lector como sujeto de sus escritos, y al tiempo, a sus propios protagonistas inventados (Smarc y Andrea), en los cuales señala aquellos aspectos que los hacen comunes a todos, como también aquellos que los hacen especialmente únicos. Esto le permite (y le exige) emplear una gran variedad de tonos con los cuales se le torna sencillo acercarse al lector.
Otro rasgo característico es que, partiendo siempre de lo cotidiano, intenta llegar a ese algo más que es la finalidad última de las cosas, y que cada cual debe llegar a poder descubrir. Incluyendo citas de Historia, de la Biblia, del Tao y la Cábala, en sus construcciones propone un mensaje, a veces claro, y otras, deliberadamente velado, presionando al lector a abstraerse, sin privarlo de distraerse.
Utiliza el seudónimo de Dualidad 101 217 en la red.

Títulos publicados: La agenda de Andrea, Prisma, La quinta estación, Duelos, Después del Crepúsculo, Agua y Tierra.

Obra Poética: Llega un momento en el que puedes visualizar una situación de conflicto, cualquiera sea, te involucre directamente o no. Puedes optar entonces por expresarlo y quedarte ahí, o ir más lejos buscando una salida acorde a la encrucijada. Para seguir viaje te apoyas en lo que conoces: lo que has leído, lo que has vivido, y todo aquello que alcanzas a imaginar. Es así que generas tu propio sistema, con el cual buscas aquello que quizá otros también buscaron, pero a tu modo.
Sales a la calle a tentar el juego, a veces golpear, a veces esquivar, y muchas veces tan solo resistir, una y otra vez, esperando por una oportunidad, sin que nunca el tiempo esté a tu favor. Como avances un sólo paso, como realices un solo intento, aparecen la queja, la adulación, o quizás una pretendida indiferencia, y así vas probando la verdadera carga de tus intenciones, mientras comienzas a intuir la verdadera distancia que te habías propuesto atravesar.

La forma y el fondo, intentar su convergencia. ¿Buscarás el canto, hallarás el mensaje? Cada verso es una prueba, cada una de las palabras exige ser número, y cada cifra quiere ser ideal de cuatro elementos y acaso uno más. Recuerda que en algún momento dijiste "debe haber algo más", y que sentiste que tú eras quien podría lograrlo. Pues ahora que estás cerca, ten presente que tener o poseer de poco valen si su finalidad no es compartirlo.

Entre tanto, por supuesto, tormentas y sequías, puntos de quiebre, límites que claman por ser bordeados y cruzados; las cosas de las que te arrepientes, y esas otras que te hacen brillar con una intensidad que supera el simple relato de los momentos; la suma de lo que vas haciendo de ti con o sin ayuda, aceptando cada cuota de dolor o de placer, con el sabor que tienen las consecuencias de lo que uno mismo contribuyó a generar.

De estas y algunas otras cosas es que escribo, y es así, más o menos, cómo lo hago. Como tú, como vos, como usted, lidio con lo que tengo frente a lo que quiero. No hay demasiado misterio en ello, ni lo habrá jamás. Como usted, como vos, como tú, miro el rostro de los que me rodean, y sé exactamente lo que sienten - después de la experiencia es difícil confundirse - así, el punto es: cuando les miras ¿te ves al espejo? Sí o no la respuesta, sobre tus acciones se yergue el puente.

Al Costado

Mi alma, ahora convertida en sangre
Por no caer prisionera se deja escapar
Por la piel de los leprosos del siglo pasado
Soberana de las heridas de muerte.

Absorbiéndola, asumo el humo de tu confusión
Sin necesidad de ninguna respuesta detallada
Sin los detalles de alguna posible explicación
Desde tu carne misma en los lechos compartidos.

También la desesperada fiebre sólo en las manos solas
Y la calma fingida detrás del vidrio de algún vaso
Sobre el necesario mantel pulcro como los ojos
De un cadáver hundido en el fango por tres días.

El agobio del reloj incrustado en tus acciones
Arropando el miedo que te reclama la infancia
Que ya fue mucha, que ya es sólo postergación
Pretendida, pero falsa, de la visión de tus días.

Drama mundano, un tratar liviano, lleno de excusas
Con toda sombrilla para protegerte de toda luz
Cediéndole sin querer, pero sabiéndolo bien
La victoria a la grisácea capa que envuelve tus pasos.

Ni escándalo, ni caída, ni siquiera una huida mortal
Sólo repeticiones que no llegan a habituarse a sí mismas
Y que cada noche, cuando cierras los párpados a las luciérnagas
Te llaman por el nombre que habrías podido merecer alguna vez.

Mi corazón, convertido en lluvia de lava y nieve
Cayendo, se deja expandir sobre desconocidos desiertos
Soltando y anudando hilos en múltiples direcciones y sentidos
Aclarándose finamente, mimetizándose en una invisible soledad.

Habría también un asilo para los sanos
Para los destrozados por la realidad
Para todos aquellos infelices que lo son
Por beber del caldo de la infelicidad ajena.

Como sea, hasta el pasto tiene su altura
Y alguna célula, en el mar, su profundidad
Sin vileza, es cierto, la llanura, lo plano
Al costado de lo posible, y de lo ocurrido.

Al costado de todo, al costado de la nada.

Uno
Despacio, sin lentitud
Despojado ya de su entorno
Y todavía atento, corpóreo
Durante los últimos instantes
Que preceden a la unión primera.

Espacios de nombres y cifras
Enjambre difícil de entender
Si no se sabe que una reina existe
Y que todo esfuerzo nunca será en vano.

Algún juicio se deja escuchar
Voces humanas en el alrededor
Pero no son sus palabras las oídas
Sino el murmullo lastimero que no quiere serlo.

Habría más imágenes, de nuevo
El fondo permanecerá un tanto lejos
A ver si los ojos no se dejan deslumbrar
Y terminan adorando lo que no existe.

Pruebas físicas de lo metafísico
El dolor que señala otra vida que es la misma
Junto con el olor de las mujeres con uniforme
Después de ocho horas entre vidrio y alfombra.

No hay desesperación por ninguna opción
Es la posibilidad del fin lo que a alguno aprieta
Aguardando una confirmación de deterioro
El día en el que el iluminado llega al centro.

Brilla, para los ojos opacos que lo miran
Resplandece para los bien intencionados
Y es guía, porque ya es ejemplo
Para quienes quisieron ver a lo que lleva un salto.

Octava Historia de Agua
La inocencia todavía no perdida
que arropa alguna brutalidad
impide la comprensión, a veces
de la decisión que convive con lo extremo.

Más gastado, con más historia por delante
se mira y se presiente, fuera de toda advertencia
el pesado y contundente paso de las instancias
presión, presión, y presión, hasta llegar al orden.

Las noches en la capilla del hospital
el último resto de aquella fe de infancia
el momento del contacto con aquel deseo
que nace de uno, y que no está en las manos.

Los límites del cariño como murallas heladas
una lágrima hecha cristal, que no decora, que rasga
sin luz, sin sombra, con la fuerza de los latidos
y con la necesidad de poder aun dirigirlos, todos.

El humo de la espera para algunos cotidiana
breve visión de la distancia entre los hermanos
el puente, primario, tan ancho, que se aprehende
los bordes altos, el miedo que inspira lo frágil.

El hombre que engaña a su sombra, por vencerla
la emoción que le eriza la piel al encontrar
su propio nombre indescifrable y no inefable
su secreto particular, su individualidad última y común.

Las dentelladas de la mañana en el picaporte de la puerta
el rayo de fuego proyectado por el sol creado por una orden
y el cansancio destruido, el paso a un estado desconocido entonces
la serenidad de haber transportado la propia vida con fidelidad sincera.

Se funde el peñasco, toda estructura parece diluirse
y es en lo que queda en donde estaba la base
y lo que estaba oculto expone su inmensa quietud
expresando la inmensa tensión de su equilibrio único.

El niño que no cruza una mirada con el anciano
sino que logra enlazarla por un salto no practicado
pero posible por el ejercicio de la duermevela constante
la común unión que anula el concepto de objeto.

B 12
El tiempo, tendido sobre la alfombra
me señala el camino perdido hacia la nada
mientras tu cuerpo, maduro, me va diciendo
de las historias que acaban y de las que nunca empezaron

Me nace entonces otra vez
este ahogo entre las manos
que me aprieta contra el mundo
negándole aire a mis excesos

Todo entonces es aquietarse
mirar silente asistiendo a mi ausencia
realizando la más cruel de las esperas
la que aguarda por esa magia que no depende de mí.