viernes, 22 de junio de 2007

Gabriel Tiempo

¿Qué quien soy? La verdadera pregunta sería: ¿Por qué carajo aún existo?, pues desde que algunos -sin mi consentimiento, claro está- decidieron traerme a este laberinto de sentimientos y esta soga al cuello llamada vida, una madrugada lluviosa del 31 de octubre de 1986 (época donde las colas para conseguir víveres permitió un acelerado intercambio socio-cultura) en un pequeño rincón algo grisáceo, adornado por el sonido de la mezcladora del campamento minero Alpamina (La Oroya), daba vida a este corazón frío y rebelde que tiempo después soportaría la desaparición de su “gota de agua”, originando el nacimiento de mi musa inspiradora: la soledad.
Una familia nómada me obligo a dejar la felicidad plomiza, mi infancia y aquel paisaje tierno para transportarme hacia los vientos y las pampas de Junín; este ambiente silencioso, sereno y poético fue desgarrado por una nueva mudanza; mi niñez duró un año y tuvo que refugiarse en un recuerdo para no ser degollado por esta ciudad nueva, sórdida e incomprensible: Huancayo.
Terminé la educación primaria en una escuela, por ese entonces adornada de eucaliptos, que como su nombre (La Merced – 30426) logro ser una señora amable con este pequeñín ingrato, los otoños pasaron y una tradición familiar -para variar- me condujo al centenario colegio “Santa Isabel” (debo advertirles del nombre, suele ser engañoso, pues el colegio no es nada santo) donde su diversa fauna humana y sus agrios salones me regalaron el don de la astucia y un carácter bipolar.
Pasé una temporada en la Universidad Nacional del Centro del Perú y la Escuela Nacional de Bellas Artes del Perú; aquello, a parte de dejarme un futuro incierto, me sirvió para expirar y camuflarme en esta ciudad (Huancayo), su gente acelerada, su infinito ferrocarril y su río inerte que suele pasearse entre retamas enfermas.
La ausencia de mi hermano se refugio en un capullo que con los años mutaría en un ente amorfo, mágico, etéreo. Este ser me enseño la capacidad de abstraer las cosas mediante el DIBUJO; ponerle color a mis sentimientos con la PINTURA; y darle voz a la muerte con la POESÍA, Este arte suele treparse por mi cuerpo, mientras la luna se revuelca con la noche y el décimo síntoma de insomnio va disipándose entre ojerosas madrugadas, entra convertida en un pájaro que suele zambullirse en mis recuerdos, sediento de hojas ansiosas de palabras; de un sol tímido en busca de montañas; de calles húmedas por llantos interminables; de ebrios en busca de mujeres en venta; de hombres paridos sin destino; de Gabrieles hurgando entre desechos en busca de un aliento…o de algo que le de matiz a ese picaflor acromático que suele cansarse de sus alas, sus sueños, su nombre; al igual que este ser incompleto, refugiado en la penumbra, en su almohada perpetua y que suele exhumarse cada vez que se abandona para entender su desencanto.Por último esta cuidad tuvo la desdicha de ser testigo de mi primer grito poético denominada “Mi Amor y sus Poemas Cursis” del cual me queda sólo un ejemplar y unas cuantas sonrojadas cada vez que lo leo, pues suele recordarme aquel estilo rosa de hombre despechado que algún día mantuvo este ser conflictivo; A pesar de todo doy gracias a Dios por darme un lugar en este purgatorio, gracias por darme dos motivos más de vida y gracias por darme un día más....... para poder suicidarme. Me olvidaba, mi nombre es Rafael Gabriel Vásquez Ninahuamán, por si a alguien le interesa.

LUCIERNAGA ENCENDIDA

A Andrea Vásquez

Aún no es hora de partir
Y ya extraño tus ojos,
Tus colores,
Tu llanto,
Y esa inocencia envuelta en tus primeros pasos.

Hoy como cada día
He robado un fragmento de tu mirada
Para ampliar nuestro espacio,
Pintarla de blanco y con flores rosas,
Con ventanas que den al sol
Y den la espalda a la soledad,
Y a ese tiempo humano
Que suele colarse cuando me abandono.

Nunca apagues tu sonrisa,
Déjala prendida cuando vuelva de esta jungla,
De estos hombres,
De esta rutina,
De este infierno
Pues tengo miedo de perderme en esta mañana espesa,
Con humanos amorfos,
Aceras embarradas de olvido,
Y ebrios sublimes
Mojándose en una lluvia de gorriones ausentes.

Secuéstrame por unas horas,
Llévame a tu mundo
A ese lugar donde exista la esperanza de no ser como yo
Atado de años,
Latiendo un corazón ahumado,
Ahogado en resaca
Y calzando como siempre
El par de zapatos enmierdados.

ENCUENTROS

A José Gabriel en la eternidad

He decapitado tu recuerdo
Pero aún sigues ocupando una de mis ventanas
Con esa silueta ausente,
Tambaleándote como un ruiseñor herido
Intimidado por sus agujeros,
Su vuelo a medio nacer
Mal parido,
Que con un rostro apagado
Trata de convencerme
Que al otro lado el sufrimiento no existe.

Te habrá llegado el rumor
De que estoy cansado de arrastrar mi vida
Por aceras opacadas de gente, de perros, de autos,
De ebrios a medio morir
Profundos bosques donde suelo dejar mi existencia
Un lugar en el tiempo
Donde las horas suelen camuflarse en las persianas
Para descubrirme sin más vestimenta que mi propia carne,
Con sus fases excitadas,
Ansiosas,
Fálicas
En las noches
Donde suelo sembrar manzanillas para tener sueños extensos.

Se que vendrás por este ser angustiado,
Que te escaparás algún día de la muerte
-veinte años inerte ha de haberte aburrido-
Tocarás la puerta
Lograrás internarte en mi otoño marchito
Una habitación deshuesada
Donde sólo hallaras
Un ramo de palabras dispersas,
Muchas sonrisas frustradas,
Un millar de poemas huérfanos,
Una botella de alcohol a medio beber,
Un cigarrillo asfixiado en su propio humo
Y algunos intentos de suicidio;
Pues cuando eso ocurra yo estaré al otro lado del mundo
Y tú lamentaras no haberme salvado antes.

MELANCOLIA

A Paulo González Cárdenas

Suele haber un momento en el tiempo
Donde te das cuenta
Que tu ser,
No esta hecho de material retornable
Y sueles cansarte
De caminar por tanta nausea esparcida en el concreto
Y tanta mierda creyéndose poeta.

Entonces nos solemos preguntar
¿Qué será de aquel bosque que descubrimos en invierno?
De sus eucaliptos chillones,
De sus aves rastreras,
De su bulímica corteza,
De sus ardillas invisibles
-que abandonadas-
Seguirán jugando entre hojas secas y un metro de penumbra arrinconada.

Si seguirá adornado por sus duendes pétreos,
Sus faunos extraviados,
Su desconcierto,
Su verde putrefacto
O si su extenso silencio lo habrá obligado a buscar
Unos corazones eyaculados en tristeza
O unos cuerpos
-que como los nuestros-
Seguirán empapados en tanto alcohol,
Ebrios de tanto vivir.

Mientras tanto
Ellos estarán contándonos como sus ovejas negras
Y nosotros buscaremos una acera donde embarrar nuestros restos
Iremos escarbando los bolsillos en busca de versos
Y defecaremos más poemas
Antes de salir de casa,
Sin olvidar poner todo en orden
Nuestros años,
Nuestros temores,
Nuestros despechos,
Y alguna que otra poesía
-que descuartizada-
Nos esperará al regreso.

Saldremos entonces manchados de peste,
Nos deslizaremos por las calles
En busca de putas ingenuas,
Secuestraremos algunas marihuanas silvestres,
Les arrancaremos su fantasía
Y soltaremos así
A muchas almas
-que presidiarias-
Se van pudriendo en tanta existencia

4 comentarios:

ÉCLIDES dijo...

Eres todo un poeta mis respetos

winnie dijo...

DANDO UNA VISTA PANORAMICA TU SONSERIA ME DI CUENTA Q ERES UNA PROBLEMA Y UNA SOLUCION AL PROBLEMA.

Paul Quispe dijo...

Lo admito: escribes bien. Felicidades.

Yonar Jonathan dijo...

Alpamina, un pequeño rincon algo grisaceo, bello y triste lugar. triste y solo en mis recuerdos. gracias por compartir tu inspiracion. un saludo de alguien que tambien comparte un rincon en la memoria de aquel lugar de la infancia.